AMIA: Crecer juntos
A veces la vida teje hilos invisibles entre las personas.
Y de pronto, aparece un lugar donde puedes ser, sin más.
Así nació AMIA: como un espacio cálido, abierto, donde encontrarse con otros… y con uno mismo.
No surgimos de un proyecto frío ni de grandes planes.
Nacimos de un deseo profundo: acompañar, compartir, crecer juntos.
Y ese deseo sigue latiendo.
AMIA significa Apoyo Mutuo Incondicional.
Es más que un nombre: es un gesto, una actitud, una forma de mirar.
Desde aquel 18 de febrero de 2002, cuando Manuela Rojo comenzó a sembrar este camino, la asociación no ha dejado de crecer. Hoy somos más de 150 personas unidas por algo sencillo y poderoso: el deseo de vivir con más sentido, de cuidar lo humano.
Nuestro símbolo, un triángulo inscrito en un círculo, habla de equilibrio: cuerpo, mente y espíritu.
Y en todo lo que hacemos —talleres, charlas, encuentros, paseos— está ese deseo de crear un mundo más amable.
Porque creemos que el crecimiento personal no es un lujo, sino una necesidad compartida.
Esta casa nació del deseo de mirarnos sin prisa, de caminar juntos sin meta, de recordar que lo cotidiano también puede tener alma.
Llegaste aquí buscando un lugar donde compartir, y donde respirar mejor.